Monday, May 15, 2006

INOCENTE






Era una noche y yo si no mal recuerdo tenia solo ocho años recién conocía que era un pene en vivo y duro, ya que los primeros eran de mis hermanos y amigos que me ponían a que les mamara sus penes después de clase, pero nunca había tenido la pinga de un hombre y en esos días mi padre quien todavía no me había cogido estaba remodelando la casa a lo que en la casa siempre habían muchos hombres trabajadores, creo que es en donde mi vocación de Ingeniara, pero bueno, una de esas tardes que estabamos en una habitación de la casa en donde se cambia uno para cuando va ha estar en la piscina con mi hermano y un amigo quien me había traído para que les mamara sus pingas; ya estabamos en el acto yo estaba sentada en una banca con solo mis zapatos puestos y totalmente desnuda y el amigo de mi hermano tenia su pinga en mi boca y mi hermano me estaba mamando mi conchita, uno de los trabajadores se acerco por la puerta y se dio cuenta de lo que me hacían y solo se puso la mano en la boca en señal de que me callara con su dedo índice y me guiño el ojo dándome a entender que no había nada, a lo que yo me asuste mucho y le dije a mi hermano que uno de los trabajadores estaba en la puerta viendo nos y lo que me había hecho mientras ellos no miraban, mi hermano me contesto,, eres una mentirosa , solo lo dices por que no nos quieres mamar la pinga y te quieres salir de hacerlo, bueno seguí mamando y el amigo de el ya sentía yo un poco de cosa ligas en mi boca y después me dieron la vuelta y cambiaron los papeles, mi hermano en mi boca y el amigo en mi conchita solo que el me metió sus dedos lo cual sentía muy rico hasta que los tres después de un buen rato nos vestimos y nos fuimos de allí.El día siguiente yo estaba en el patio de la casa cerca de la piscina jugando cuando el mismo hombre que me había visto el día anterior llego con otro mas y me miraban y el le decía al otro hombre,, mira, esa es la chica que le gusta mamar pinga,, y tiene una concha muy linda,, no quieres mostrar la concha hoy a nosotros, y yo muy asustada me fui del lugar a otra parte de el patio a esconderme en un lugar de donde nadie podía verme, yo estaba mas afligida con mucha vergüenza por que el hombre le estaba contando a todos los obreros lo que había hecho el día anterior; Yo ya estaba muy tranquila en mi escondite cuando de repente el mismo hombre se acerco a mi me dijo que si yo no hacia lo que le decía , le contaría a mi papa lo puta que yo era y lo que yo hacia con mi hermano, también me dijo que el le diría a todo el mundo lo mismo y que me darían una regañada y probablemente estaría castigada por toda la vida, esto me asusto mas que cualquier cosa, así que con vos un poco temblorosa le dije que SI yo aria lo que el me dijera, bueno, me dijo, así es mucho mejor mi pequeña putita, quiero que saques la lengua par ver que tan grande la tienes, yo la saque lo mas que pude, y el me puso su dedo en mi lengua y la halo asía afuera con mucha maldad, después me dijo que le enseñara mis tetitas, las cuales casi yo no tenia, me saque la blusa que tenia puesta y quede solo con mis panties y mis zapatos, el hombre se acerco y me toco con sus dedos los pequeños pezones de mis tetillas, luego con dos dedos los tomo entre ellos y los apretó muy duro haciendo que las lagrimas salieran de mis ojos, huí, pobre la putita, le duele ha, si le conteste, mas te va a doler lo demás sino haces caso ok, bueno, conteste, hoy quiero que te quites tus calzoncitos y que te acuestes en mis piernas boca abajo, me quite los calzoncitos , hoy como, le pregunte, ven me dijo, y yo fui, el se sentó en una grada y el me puso recostada en sus rodillas y piernas con mis nalgas asía arriba y mi estomago en sus piernas dejando el culito bien arriba en el aire, el empezó a tocarme el culito con sus manos y me separo las piernas, yo temblaba de miedo, pero el me decía que si no me dejaba las cosas saldrían peor para mi, así que yo me dejaba hacer lo que el quería, yo con mis piernas separadas y con mi culito en el aire, sentí como sus dedos me tocaban con mucha facilidad mi concha, mi culito y con su mano libre me la metía en mi boca y me decía que le mamara el dedo como que si fuera pinga, yo lo hacia, en eso estaba mamándole el dedo cuando sentí como un dedo de el me entraba por el culito, yo apreté muy duro, y el me dijo, relájate que de todas maneras te lo voy a meter y te va a doler mas si no te dejas, así que solté la fuerza de mi culito y el dedo entro, el lo metió hasta que sus nudillos tocaron mi culito y lo empezó a mover dentro en círculos, yo lo sentía como el lo movía dentro de mi, las lagrimas se me salían y el hombre solo me decía, pero ayer que estas mamando no se te salieron las lagrimas verdad pequeña puta hoy sabrás lo que es placer sexual y lo que es ser puta de verdad, con eso me saco el dedo de el culito y empezaba a meterme el dedo dentro de mi concha cuando a lo lejos escuchamos la vos de mi padre que me llamaba, el me dijo “SOLO recuerda lo que te dije “ si alguien sabe o le cuentas,, ya veras las consecuencias, me vestí y al momento de salir de ese lugar el hombre me dijo, Ni creas que ya terminamos, mañana al medio día aquí mismo ok. Bueno le dije y me fui.Esa noche pensaba lo sucedido y entre mas lo pensaba mas me gustaba el no poder hacer nada al respecto y ser sodomizada por el hombre, pero al mismo tiempo me daba mucho miedo; El día siguiente llego y toda la mañana la pase pensando en lo que vendría y el tiempo se acercaba mas y mas hasta que la hora llego y con mucho miedo salí de la casa asía el lugar del día anterior, el ya estaba allí, me miro y dijo, hola mi pequeña putita, lista para tu ración del día y yo le conteste que si, muy bien, así me gusta y como ya sabes lo que tienes que hacer ve hazlo ya, empece a desvestirme hasta que quede totalmente desnuda, muy bien me dijo, hoy quiero que te sientes en esa grada y separes totalmente tus piernas y me enseñes todo tu coño, me senté y separe mis piernas totalmente hasta que los labios de mi concha quedaron totalmente expuestos, el se acerco y se arrodillo frente a mi, saco su lengua y me empezó a mamar el coño, poco a poco con su lengua hasta que el encontró mi clítoris y mi cuerpo se estremeció como si un shock eléctrico me hubiera dado un golpe, muchos me dicen que es totalmente imposible que una chica de tan poca edad pueda sentir tanto como lo explico y por mucho tiempo creí que había sido imaginación mía, pero hoy día con mis hijas yo se que si pueden sentir ya que con ellas ya experimentamos y si sienten y muy rico; El hombre cuando se dio cuenta de que yo la estaba gozando el me dijo, no que no mi peña puta, hoy te voy a meter el dedo lo que no pude hacer ayer y se que te encantara, yo instintivamente abrí mas mis piernas y el me empezó a meter el dedo mientras me mamaba el coño y clítoris, sentía tan rico y tan fuera de mi que mi cuerpo empezó a temblar hasta que cuando me di cuenta el hombre ya tenis el dedo bien adentro y empezaba a meterme el segundo, fue tan intenso que no sentí la penetración del segundo dedo y el estaba tan emocionado que ya tenia su pinga fuera, era la primera que yo miraba de un hombre, saco sus dedos de a dentro de mi concha y muy ofuscado me tomo con sus manos en sus brazos que me asusto y el se paro en sus dos pies y me dio la vuelta, yo quede en el aire con mis piernas asía el techo y mi cabeza asía abajo justo y frente a su pinga que la tenia muy dura y bien llena de cosa transparente, bueno mi putita, hoy quiero que te metas mi pinga en tu boca y me mames hasta que termine en tu boca, nunca había nadie terminado en mi boca y yo creía que era como mi hermano que no hachaba nada, así que me la metí y empece a mamar, el me tenia por la cintura boca abajo y mío concha quedaba justo en su boca y el me empezó a mamar nuevamente y me metía su lengua dentro de mi concha, lo que me encanto mucho, creo que fue mi primer orgasmo, pero como yo no savia nada solo sentía rico, la pinga de el casi no me entraba en mi boca, pero el la metía con fuerza casi haciéndome vomitar de lo muy duro que me la metía, pero en minutos solo sentí una cosa muy, pero muy salada que llenaba mi boca y era tanto que me escurría de los labios así mi nariz y cara, quede totalmente llena de semen, el termino y se metió su pene en sus pantalones y salió sin decirme nada mas solo que si me había gustado y yo le dije que si, bueno hoy eres mi puta por siempre ok, bueno le conteste, mañana ala misma hora ok. Bueno.Esa noche mi hermano llego con unos amigo que querían que los mamara, así que como, estaba muy caliente por lo sucedido y por todo lo que estaba pensando solo me saque las ropas y me acosté para hacer lo que ellos querían, mamar y mamar pinga hasta que las cosquillas llegaran, esa noche creo que mame pinga por mas de cinco horas y ellos me metían sus pequeñas pingas en mi concha y en el culito, pero nunca me hacían sentir lo que este obrero me hacia sentir de rico.La siguiente mañana, era día de liceo así que cuando la campana sonó para retirarnos, no podía esperar que el motorista de la casa llegara por mi para ir a mi escondite, cuando al fin logre llegar el ya estaba esperándome, hola mi putita, como va, muy bien le conteste y le pregunte que el iba a hacer con migo este día, bueno que quieres que te haga, me pregunto, bueno le conteste, mi hermano y sus amigos me meten sus pingas en mi culito y en mi concha, quiero que tu me la metas,, como, ya te la meten me dijo, si, pero son muy pequeñas, no como la suya de grande y quiero saber que se siente, bueno mi pequeña putita, saliste muy buena, hoy te la meto hasta que te duela ok. Bueno pues, y con eso me quite toda las ropas y me coloque como a el le gustaba, con mi concha totalmente abierta y en la grada mas alta para que el pudiera tener acceso a mi concha, el se quito sus ropas y se hinco frente a mi como antes y me mamo el coño asiéndome dar un par de gemidos de placer, el miedo ya se me había quitado por completo y el lo sabia muy bien, ya que yo estaba muy caliente y con mi concha totalmente húmeda por su saliva y no se si algún jugo vaginal, se coloco frente a mi tomo mis tobillos con sus manos y las coloco en sus hombros con una mano me penetro mi concha con sus dedos y con la otra tomo su pinga y la coloco en mis labios vaginales, lo que viene fue tan diferente que es casi imposible el poder explicarlo, el saco sus dedos dentro de mi concha y empezó a meterme la pinga poco a poco, primero sentía como separaba mis labios y podía ver su cabeza de la pinga que todavía no entraba dentro de mi, el empezó a empujar un poco mas y sentí como mi cuerpo se separaba y la cabeza de la pinga desaparecía dentro de mi hasta que llego a mi himen y su pinga se detuvo por no poder penetrarme, el se puso muy caliente y empezó a tratar de meterla a como fuera y diera lugar, esto me empezó a doler y yo trate de detenerlo pero el me tenia de los tobillos y las piernas totalmente separadas , el dolor era mas fuerte ya que su pinga era casi diez veces mas gruesa que la de mis amigos y mi hermano y era tanta su excitación que ya no respondía y empezó a decirme, así querías que te cogieran ha verdad puta, eres una puta y de las buenas, quieres mas ha, y cuando el decía eso me asía mas fuerza y trataba de meterla mas, hasta que en una de esas sentí como si se rompiera un anillo y la pinga entro con tanta fuerza que solo alcance a ver sus pelos junto a mi pequeña concha sin pelillos aun, su cara era tan diferente y de tanto placer que la empezó a sacar y a meter con mucha rapidez, mi concha sentía como si estuviera en llamas, caliente de la ficción, pero eso paso en minutos y el dolor se convirtió en placer, pero yo lloraba del dolor y el continuaba con mis piernas totalmente pero super abiertas y su pene dentro de mi. Hay otras personas que me escriben y me dicen que son puras farsas, que una chiquilla de esa edad no puede ser penetrada, bueno, nuevamente yo ya lo experimente con otra de mis hijas y si se puede hacer y según ella es muy delicioso y le encanta mucho que la cojan al igual que a su madre.Esto continuo por mucho ratos mas hasta que el hombre termino dentro de mi conchita y yo sentí como se llenaba dentro de mi de semen y como era tanto que escurría todo sobre mis piernas, esto me gusto mucho que mi cuerpo temblaba de placer, mis piernas no las podía cerrar y cuando lo intentaba me temblaban, el se vistió y me recordó de que no le tenia que decir a nadie y que el día siguiente yo tenia que estar en el lugar mas temprano ya que el quería que yo hiciera otras cosas mas, como que le pregunte, no te preocupes mi putita que ya lo veras y se que podrás y te divertirás mucho, salí de allí y me fui a mi habitación a tomar una ducha ya que la empleada que estaba a cargo mío me estaba buscando y cuando por fin me encontró me pregunto que era lo que yo hacia tanto en la caseta de la piscina, bueno, le conteste, jugar nada mas.Cuando por fin entre a tomar mi ducha, llene de agua la tina de baño y me puse a jugar un poco con mis cosas y esto yo estaba cuando sentí como de mi concha me seguía saliendo semen de el hombre, lo tome en mis dedos y lo toque par ver como se sentía y era muy ligoso y muy amarillo, pero como yo de eso no sabia mucho no me importo y continúe con lo mío.Esa noche yo estaba en mi habitación pensando en lo yo podía hacer el día siguiente y muchas cosas se me venían a la mente, como de poder correr desnuda por toda la casa sin que nadie me viera, o hacer alguna maldad de orinarme en el patio mientras alguien me miraba etc. pero nunca se me paso por la mente lo que el tenia en mente de hacer con migo.El día siguiente yo estaba lista para ver que me aria el hombre y aunque por mucho tiempo al principio yo estaba muy asustada por todo ya se me había pasado el miedo y hoy era mas picardía o el querer conocer mas de el sexo que me hacia seguir llegando, por que aunque hoy se por que me gusto mucho en esos días yo no lo sabia, pero al hacer memoria vengo hoy se que yo ya era caliente antes de haber nacido y que el sexo seria mi pasión, el día era Sábado y yo en la mañana ya estaba preparada y me dispuse esperar en la puerta por los hombres a que llegaran a trabajar en la casa, con lo que yo no conté ese día es que era el día de asueto de la servidumbre, mi papa fuera de la ciudad y mis hermanos los menores pasando la noche en casa de mis tíos y mi hermano mayor quien era el responsable de mi me había dicho con anterioridad que saldría temprano y que regresaría antes de almorzar para mandar a comprar unas hamburguesas, ya podrán ustedes saber lo que es estar bajo el cargo de un hermano mayor, bueno, la cosa fue que yo no me recordaba que estaba totalmente sola en casa y cuando por fin los obreros llegaron el hombre me miro y me hizo moción de que me fuera a el lugar que el llegaría después, yo salí y me dirigí a el escondite y como yo savia que era a lo que yo venia, A COGER me empece a desvestir hasta quedar totalmente desnuda, me recosté en una silla y coloque mis piernas en los brazos de la silla dejando mi concha muy abierta y podía ver como los labios de mi vagina estaban totalmente inflamados, primero me asuste por no saber que pasaba, hoy se que era la excitación que mi vagina estaba de esa manera, con mis dedos me comencé a tocar los labios y despertó una cosa que nunca había sentido, las ganas de masturbarme, yo sin saber seguí y poco a poco el dedo fue partiendo mis labios hasta dejar mi concha separada y podía ver frente al espejo como el hoyo de mi concha era por primera ves, tome mi otra mano y con los dedos separe mas los labios de mi vagina y pude observar hasta dentro de mi concha, como era mi hoyo de pequeño y de rojizo, hoy es mas y mucho mas grande y ya no es tan rojizo pero por igual a los chicos le encanta mi concha, bueno continuemos, en lo mejor de tocarme yo estaba cuando el hombre llego me dijo que no parara y que continuara tocándome, que permaneciera en la misma posición y que cerrara mis ojos que el se colocaría frente a mi, yo hice lo que el me ordeno, sentí como una suave tela era colocada en mis ojos, me estaba vendando y posteriormente sentí como sus dedos acariciaban mis piernas y todo mi cuerpo, su boca y su lengua humedecía mis pezones tan chicos y como mi tetillas entraban totalmente en su boca, yo continuaba tocándome, el tomo mi mano y coloco un dedo en la entrada de mi concha, empuja duro me ordeno, yo sentía como mi dedo era devorado por los labios de mi coño y por primera ves como se sentía por dentro mi concha, DELICIOSO, el hombre me dijo que hoy lo sacara y me lo metiera en la boca y lo chupara como si fuera dulce, yo lo hice, fue la primera ves que pude probar mis jugos vaginales, eran muy dulces y con un poco de sabor a vainilla me recuerdo, no se, la cosa es que yo la estaba gozando y me encantaba mucho, yo tenia mi dedo en mi boca cuando sentí la lengua del hombre en mi concha, el empezó a mamármela como si fuera la ultima comida que tendría, mi cuerpo se contorsionaba del placer, el me tomo de mis piernas y las llevo hasta que mis rodillas tocaron mi pecho, el pasaba su lengua por toda mi concha y el culito, de ves en cuando su dedo me penetraba el culito y luego la concha, sentía como el dedo entraba y salía de ambos hoyos, cuando el tiempo había transcurrido ya no era un dedo sino que dos, el placer se puso mejor y por ultimo eran tres dedos en mi culito y tres dedos en mi coño, que delicia, yo la gozaba, sentí como el me tomaba de los tobillos con solo una mano y sentía como su pinga era colocada en la entrada de concha, nuevamente mi cuerpo se estremeció de placer anticipado y cuando la pinga por fin paso mis labios, sentí como me rellenaba por dentro su pinga, era muy rico, poco y suavemente el la introdujo toda hasta sentir los pelos de su pinga en mi culito, la pinga entraba y salía de mi concha y yo sentía lo apretada que la pinga estaba dentro de mi, momentos después de estar cogiéndome por la concha sentí como la sacaba haciendo un sonido como de vacío, cuando uno abre una botella y con su mano libre me introducía los tres dedos nuevamente en mi concha para después meterlos en mi culito, nuevamente repitió lo anterior solo que esta ves coloco su pinga en la entrada de mi culito, el dolor que sentí posteriormente fue muy grande, jamas me habían cogido por el culo con una pinga de hombre, gruesa y larga, par una chiquilla de solo casi nueve años, era como si fuera una pinga de caballo para una mujer, poco a poco la punta de su pinga fue entrando, aunque puse resistencia no pude hacer que no me la metiera, por fin sentí como la cabeza de su pinga entraba y partía mi culito, el ardor era demasiado, el me dijo, solo relájate y suelta tus piernas para que tus músculos no estén tensos y veras que rico vas a sentir, lo hice y sin duda se mejoro el dolor y poco a poco se fue poniendo mas y mas suave hasta que la pinga del hombre entraba sin ninguna dificultad.El tiempo pesaba eran mas de una hora ya cogiendo con este hombre y su pinga no dejaba de entrar y salir de mis hoyos, finalmente sentí como sacaba su pinga de mi culito y me tomaba de mis manos para que yo me levantara de la silla, mi cuerpo casi dormido de la posición que había asumido para que me cogiera, aun vendada el me dijo que se acostaría en el suelo sobre la alfombre y que yo me tenia que sentar sobre el con mis piernas abiertas abrazando sus lados, me guío hasta que sentí como su pinga toco mi concha y entro sin dificultad, el me recostó sobre su pecho y empezó a meterla pinga en mi concha con mucha rapidez, hoy mi pequeña putita sentirás como es que te cojan por los dos lados, como así pregunte, bueno como ya estas cogida de el culito y de la conchita hoy tendrá que coger con dos hombres, en esos momentos sentí miedo nuevamente, como que con dos hombres, si, me dijo, es que aquí esta otro de los obreros que yo le comente lo rica que eres y como yo puedo hacer contigo lo que yo quiera, el no me creyó así que el esta aquí y te esta mirando pero no te quites las venda o si no ya veras y me dio un golpe en la nalga, eso no es nada ok, comprendes, si comprendo, bueno mi puta, hoy solo relájate y déjate coger que para eso esta ok, bueno, le conteste, ya tenia una pinga en mi concha y solo sentía las manos del nuevo hombre tocándome el culito y metiéndome los dedos cuando sentí que se hinco detrás mío y sentí como su pinga entraba en mi culito, creo que era mas chica que la del otro por que sentí como toco la entrada de mi culito y se fue para dentro sin dolor, esto me gusto, no sentir dolor, la verdad que si se sentía rico el tener dos pinga en mi y el nuevo hombre metió su mano frente a mi y la llevo hasta mi clítoris acariciándomelo y haciendo me sentir rico, mi cuerpo se encogió y se retorció por la acariciada de clítoris y fue cuando todo mi cuerpo se puso duro y una correntada de algo corrió por todo mi cuerpo hasta que de mi boca salió un gemido de placer, los hombres sabían que yo estaba teniendo un orgasmo y ellos continuaron metiéndome sus pingas y acariciándome el clítoris, yo era un remolino total, cuando termino mi orgasmo, mi cuerpo casi sin poder sostenerse por si mismo era detenido por las manos de los dos hombres, en segundos después, pude sentir como mi culito era llenado totalmente de semen y casi simultáneamente mi concha también, los hombres hacían sonidos raros y sus pingas entraban muy dentro de mi y con mucha fuerza, momentos mas tarde ellos habían terminado, sacaron sus pingas de mi y yo sentía como su semen corría por mi cuerpo, el hombre me dijo que tenia que mamarles sus pingas hasta que quedaran totalmente limpios y que si no me darían otra cogida sin ninguna piedad alguna, en mi mente lo pense, pero termine mamándoles sus pingas, el sabor de semen y mis jugos no era del toda malo, es mas me gusto al mezcla.Bueno mi putita, ya que terminamos no quiero que te quites la venda ok. Bueno conteste, y por que no, pregunte, tu solo has lo que se te ordena, bueno pues, el nuevo hombre me dio un beso en la boca y me dio las gracias por ser tan rica, nunca había cogido una chiquita tan caliente y tan puta como vos me dijo espero poder cogerte otra ves, y con eso se marcho, solo quedábamos el hombre y yo, mientras el otro se largaba comento algo con el hombre en vos baja y no pude escuchar nada, el me dijo, quiero que te quedes aquí en este lugar y no te pongas las ropas todavía ok, el salió por unos cinco minutos, yo me quede justo parada en donde el me dejo, solos sentía como corría el semen sobre mis piernas y rodillas, lo único que podía hacer era tocarme la concha y culito con mis manos sin saber que estaba pasando, las manos me salían totalmente ligosas de semen después de tocarme, pude escuchar unos ruidos y me asuste, pero era el, entro y me dijo, se que no hay nadie en casa y que tu hermano el pícaro que te pone a mamar no estará hasta al medio día así que quiero que me tomes de la mano y salgas con migo, pero estoy desnuda, le respondí, y eso que, acaso no te he dicho que tienes que hacer lo que yo diga mi pequeña puta, si yo se, entonces has lo que te ordeno, pero hay muchos hombres haya afuera, eso a mi no me importa y de todas formas las putas no les importa que las vean desnudas, o si, yo no se, le conteste, bueno, no les importa y tu eres una putita de las buenas o no, si lo soy respondí, bueno, entonces camina, me tomo de la mano y salimos al aire libre, cuando salimos solo escuche un montón de palabras dirigidas a mi como cosas que los hombres dicen y un montón de manos que me tocaban todo el cuerpo, las nalgas, las tetas, en mi culito sentía como los dedos entraban y en la concha también, creo que esa mañana por lo menos casi todos tuvieron una oportunidad de meter sus pingas en mi, casi como a las once de la mañana me quitaron la venda y pude ver con casi claridad que me habían cogido por lo menos ocho hombres por el culo y la concha, todas mis entradas, del culo y coño escurrían semen, mi cuerpo estaba totalmente cubierto de semen ya que cuando unos me cogían por el culo y concha otros me ponían a mamarles sus pingas y terminaban sobre mi cuerpo, el hombre me dijo que no le fuera a contar a nadie lo que habían hecho con migo o que la pasaría muy mal, así que nunca le conté a nadie por mucho tiempo, hasta que se lo dije a mi esposo.Creo que fue por que no sabia como o que había sucedido se me olvido o lo puse en pausa y hoy que ya estoy mayor se que lo que sucedió fue que me tomaron a la fuerza y por la inocencia que yo tenia, no se, pero no me arrepiento y creo que si lo pudiera hacer nuevamente, lo aria sin ninguna duda.Bueno, espero que esta historia les guste, ya que fue recomendación de uno de mis lectores que publicara mas historias olvidadas, las cuales creo que hay unas dos o tres que posteriormente las publicare, lo que si quiero hacer es escribir de cómo mis hijas fueron sexualmente orientadas para que a temprana edad empezaran a tener sexo, no se si podré, pero daré un intento, ok.

Sunday, April 30, 2006

LECHE






Matilde ya tenia programado visitar a su mama y su hermana, los cuales vivían en la provincia de San Juan, ella me pidió que si pudiese faltar dos días a mi trabajo, para quedarme con Rita, con total agrado le dije que si y entre los dos se lo comunicamos a Rita.
Cuándo regresas mami?
Pasado mañana, ya estoy de vuelta, y si los convenzo quizás vengan a pasarse unas semanas con nosotros, tu Tía y tu primo y posiblemente venga también Betty
Después Matilde me dijo que Betty, era una amiguita de Rita, con la cual ella y toda la familia estaban muy encariñadas.
Me vas a extrañar mi amor?
¿Sí mama?.
Pero Claudio te va a cuidar hasta que yo vuelva.
No Claudio?
Sí mi amor.
Así también, se conocen un poco más, verdad?
Puedo dormir con Claudio?
Matilde, mirándome, con una sonrisa a flor de labios.
Si mi amor, si Claudio, deja.
Puedo?
Vamos a ver como te portas, si te portas bien durante el día a la noche, vas a poder venir a la cama de mama.
Bueno Rita ahora, anda a tu cuarto, a descansar pues yo me voy temprano, mañana a sacar los pasajes.
La mañana siguiente desperté y me di cuenta que Matilde ya había salido.
Me desperece, y lentamente fui a darme una ducha, nada me hace sentir más feliz, que una lluvia de agua caliente por las mañanas.
Con solo estar en esa casa, sentía dentro de mi una excitación permanente. Sé que mi cuerpo y me dispuse a afeitarme, a todo esto, yo había dejado la puerta del baño entreabierta, pues ya de temprana hora, comenzaba a jugar, sutil juego, entablado por Rita.
Ella siempre me espiaba, y yo hacia que no la veía y cada vez le mostraba algo mas, satisfaciendo su precoz curiosidad. Me encontraba afeitándome, frente al espejo, totalmente desnudo, casi como esperando que Rita se levantara y sigilosamente tratara de sorprenderme en mi intimidad.
De pronto siento la puerta de su habitación que se abre, y solo pensarlo, tuvo una consecuencia directa en mi miembro que se comenzó paulatinamente a erguirse.
Mientras que yo hacia que no notaba su presencia, continué afeitándome, encontrándome ya a media asta.
Rita se encontraba apoyada en el marco de la puerta.
Hola!
Buen día, como dormiste
Bien y mama
Salió temprano, por lo de los pasajes a San Juan.
A todo esto, ella no apartaba la vista de mi miembro a medio erguir, entra y se sienta en el inodoro, Levantando su camisón y dejando caer su bombachita, que quedo enrollada en sus tobillos.
Te gusta verme afeitar.
Sí. No te duele.
No estoy acostumbrado.
El sonido del pis cayendo, me excito en demasía, ya no podía disimular, la tenia parada frente a ella.
Mami te besa allí, no?
Dijo Rita señalándome.
Y vos como sabes?
Eh! Bueno... una ves los vi.
Cuando, nos viste.
Una noche, que dejaron la puerta entreabierta. A mi mama le gustaba mucho besarte.
Ella lo hace muy bien y a mí me gusta mucho cuando me lo hace. Y que más viste?
Cuando, mama se tomaba toda tu leche. Me enseñas a hacerlo.
No sé, que pensara tu mama.
Ella me contó una vez.
Que te contó.
Una vez, cuando yo estaba por dormirme, mientras le chupaba el pecho a mama, por que vos sabes, que aunque ya no tenga leche, a mi me gusta dormirme, como cuando era chica.
Si lo se.
Bueno, también me contó, que a los hombres, le sale, leche como la de la teta de las mujeres.
Me pare frente a ella, su vista se había fijado en la cabeza de mi pija.
Bueno, te voy a enseñar... Pone tu mano izquierda acá, así.. Como sosteniéndome los huevos, ves sentilos entre tus dedos, despacito... así ves... así.
Esta bien así.
Bien ahora, con la otra mano, tómame como lo viste hacer a tu mama, pero así acá debajo de la cabeza, ves. Así.
Ahora, despacito, pero sin dejar de hacerlo move la manito, para atrás... así. Y para delante.
Así esta bien.
Si mi amor, ahora, ves la cabecilla que esta seca, pásale la lengua y deja tu saliva, así ponele mucha saliva para que pueda correr bien la pielcita ves. Como la sentís.
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Esta dura, muy caliente.
Ahora metela toda en la boca y con la lengua acaríciame la cabecita, así moviendo las dos manos.
Después de eso no tuve que decirle nada mas, en realidad no sabia si lo había aprendido de verla a la madre, o es algo, que ciertas mujeres lo llevan incorporado, en sus fibras más intimas.
Rita se prendió a mi pija con una pasión y dedicación inusual, para su edad.
Así esta bien, te gusta. Lo hago como mama.
Si me encanta linda.
Quiero, aprender a hacerlo como mama.
Cada vez lo vas a hacer mejor, sabes?
La dedicación era tal, que las gotas de saliva caían estrellándose en el piso del baño. Trataba de prolongar el momento antes de llegar al orgasmo, pero me era casi imposible.
Osvaldo, me ves a avisar?
Que...
Cuando te salga la leche.
Sí. Pero no me llamas Osvaldo, sabes.
Cuando estemos en casa, ya te dijo mama que me podes llamar papa.
Sobretodo cuando papi te este enseñando a mamarla, como tu madre.
Bueno, perdóname, no te enojes, papi, te la estoy mamando bien.
Así si, ya pronto, me va a salir la leche, cuando yo te diga, me va a salir...
Vos tenes que mover más rápido la mano, así sale más.
Me la puedo tomar papi.
Tu mama, se la toma todita y espero que vos hagas lo mismo.
Así, mi amor mas fuerte... me viene, chúpala, Rita chúpala toda...
Desde su posición, sus ojos me miraban, como queriendo adivinar mis reacciones, y sintiendo el resultado de lo que ella me estaba haciéndome.
A todo esto su otra mano había dejado de acariciar mis huevos y la tenia metida en la entrepierna.
La descarga llego, como era natural, se sorprendió de la cantidad, fue algo que por aquel entonces no sabia controlar, la leche fue mas blanca sobresaliendo de su boquita, varias gotas habían caído en su camisón y sobre su cara.
No te asustes, a ver Rita, abrí la boca, mi amor.
Al abrirla, todavia tenia restos de leche que no se había tragado. Con una mano acaricié su cabeza, dejándola caer, en su nuca. Pose mis labios sobre los suyos, mi lengua ingreso en su boca, fundiéndose con la de ella, entre saliva y leche.
Este es un beso de leche, sabes. Te gusto.
Mucho, lo hice como mama.
Ya te dije, con el tiempo, lo vas a hacer como mama o mejor sabes. Pero no te apresures, despacito mi amor.
Después de esa mañana, Rita paso a convertirse en una adicta al semen, buscaba siempre tener un minuto a solas conmigo. Ya sea antes de irme a trabajar, o en el auto cuando regresaba de la escuela, siempre esta presta y se dedicaba a mamármela.
Había creado en mi la obligación, frente a su madre, que por las noches la llevara a su cama. Y Matilde, veía con agrado, mi tarea, la de dormir a su hija.
Haciéndose cada día más experta en tomar el néctar, que hasta entonces era solo patrimonio de su madre.
Era todo un ritual, yo la acompañaba, a su cuarto, ella se metía en su cama. Yo le daba un beso.
Bueno hasta mañana, que descanse.
Todavia no tengo, sueño.
Pero ahora tenes que dormir.
Quédate, un poco más.
No me voy, tu mama me va extrañar.
Vos sabes lo que quiero.
Yo me ponía de pie, cerca de la cabecera de su cama, y ella me bajaba el cierre, y se ocupaba de todo, ni tenia que limpiarme, por que después de la acabada, ella se encargaba de eliminar todo resto de leche. Diciéndome.
Ahora te la voy a limpiar, para que mama no se enoje.
Esa noche Matilde, quizás al saber que iba estar ausente, quería tener relaciones, y no sabia como concretar sus intensiones, sin tener que decirlo abiertamente y yo había, tenido un día agitado educando a Rita, así que trataba de no darme por enterado.
Y aquí voy, hasta donde llegaba su picardía. Se dio vuelta, entre enojada y furiosa.
Hasta mañana.
Hasta mañana mi amor.
Claudio?
Que?
Te puedo pedir algo?
Sí? ( Pense que la había doblegado, a tener que pedírmelo.)
Mañana, cuando yo no este.
Que.
Bueno mañana cuando yo no este, vas a poder hacer todo lo que quieras con Rita ella te adora sabes.
No te entiendo.
No me entiendes, bueno te lo voy a decir en el oído.
Se dio, vuelta en la cama y tomándome el miembro comenzó a masturbarlo con esa suavidad que la caracterizaba, mientras me decía.
Sabes, no me molestaría, si una de esas noches que yo no este no puedas contener sin mí, y la bañes en leche, satisfácete sin culpa mi amor.
Pero prométeme que, por nada del mundo la vas a penetrar.
No te preocupes, nunca haría nada que no quisieras, (Ya había vuelto a ganarme).
Estuvimos toda la noche uno encima del otro, según ella fue la mejor despedida que le habían dado en años.
Al otro día, nada especial, fuimos a la terminal de Bus y despedimos a Matilde. Antes de regresar, Rita insistió de ir al cine y tuvimos momentos que me hicieron recordar a aquella primera vez, que en el living, de su casa junto con su madre y en el mismo sillón, amparados por la oscuridad acaba sobre sus prendas por primera vez.

LA COLEGIALA







Te escribo esta carta, pues me parece que es hora de contar lo que me sucedió el año pasado, en la ciudad donde vivo, Valladolid.

Vaya por delante que tengo 40 años, estoy casado sin hijos, desde hace 12 años. Mi empresa tiene sus oficinas fuera de la ciudad y, cada tarde, cuando salgo del trabajo paso por delante de un colegio religioso. Me gusta ver a las colegialas con su uniformes de falda azul y camisas blancas. Desde siempre me he sentido atraído por estas pequeñas ninfas, pero nunca había podido imaginar que podría llegar intimar con una de ellas.
El pasado mes de octubre, cuando salía del trabajo a eso de las 5,30 de la tarde pasé, como todos los días, por delante de la parada del autobús. Lo cierto es que ese día iba un poco retrasado pues casi siempre paso sobre las 5. En la parada había una colegiala que hacía auto-stop. Dude si parar pero. finalmente me decidí ha hacerlo. Me preguntó hacia donde iba y le dije que hacia el paseo Zorrilla. Como le venía bien subió. Le pregunté el motivo por el que no había tomado el Bus del colegio y me dijo que se había retrasado repasando algunos deberes. Comencé a hablarle de mis tiempos de escolar y, para mi sorpresa siguió mis explicaciones con atención. En uno de los semáforos me giré para observarla. Era una monada, morena, con unos pechitos apuntando bajo su camisita, las piernas morenas también paro blanca en contraste con su falda azul marino. Le pregunté qué curso hacía, primero de ESO. Como no estoy al día del sistema educativo (hace años que terminé mi carrera) le pedí que me contase cuales eran las materias que estudiaba. Cuando llegamos cerca de su casa me pidió que parase y se despidió de mi con un "Hasta luego".
Todo siguió igual hasta que, una tarde volví a pasar frente al colegio de Ale (Alejandría). Cuál sería mi alegría cuando la vi parada, esperando el Bus. Como estaba sola (eran las 5,15) toqué la bocina y la saludé. Con una seña la invité a subir al coche y lo hizo. Le pregunté como era que seguía llegando tarde al Bus. Charlando mientras nos acercábamos a Valladolid, se me ocurrió ir un poco mas allá con Ale y le dije que si quería tomas un refresco. Para mi sorpresa me dijo que sí "Ya nos conocemos". Pensé rápidamente donde llevarla que no me conocieran y me acordé de un bar de carretera, camino de MEDINA. Cuando llegamos no había mas que dos parroquianos y nos sentamos al fondo del local. Pidió su refresco y, yo una cerveza.
Mientras comenzamos una charla sobre una película que habían estrenado esa semana, le fui dando vueltas a la cabeza, para seguir una estrategia que me permitiese acceder a su confianza. Su charla era confiada y franca, le pregunté por su familia y amigos. Tenía 14 años y es hija de una viuda y, desde hacía tiempo vive con sus abuelos, dado que su madre está trabajando fuera. Le pregunté si no se aburría con ellos y me confesó que tenía problemas para ir al cine y salir con sus amigas. Pero la dejaban quedarse en el colegio estudiando un poco mas. Por eso la veía cuando no quedaban otras estudiantes.
No me atrevía a ir mas lejos y la acompañé hasta cerca de su casa, con la promesa de pasar a recogerla los miércoles, que es el día que se quedaba a estudiar. Lo cierto es que, cuando le propuse volver a la semana siguiente me dijo que le daba un poco de corte. "No te preocupes, solo soy un amigo que te acompañará hasta casa". Y eso hice.
Durante todo el resto del mes, y el de noviembre, pasé a recogerla los miércoles a las 5,15. Íbamos a diferentes sitios y, como tenía tiempo hasta las 8 de la noche para regresar fuimos a diferentes sitios mas o menos cercanos a Valladolid. Le tomaba la mano y, como mide 1,65 metros le decía que parecíamos novios. Ella se sonrojaba y me decía que mas bien padre e hija.
La confianza que teníamos era grande y un día le pregunté si ya había tenido la regla. Se puso colorada y me dijo que desde el año anterior. No pude contenerme y la abracé y le di un beso. Casto beso en la mejilla. Decidí que era el momento de avanzar con ella. Tenía la intención de fornicar con ella y enseñarla aquellas cosa que yo sabía sobre el sexo.
Tengo un apartamento alquilado, desde antes de casarme, que mantengo en secreto y solo conocen mis amigos de juergas (lo cierto es que es de renta antigua y solo me cuesta 5.000 pesetas al mes). Lo tengo montado como "picadero".
Una de las tardes que la fui a buscar le propuse ir al cine juntos. Ponían una película para mayores de 18, violenta y con algo de sexo. Como le pereció bien fuimos al cine. Para evitar encontrarme con conocidos nos fuimos a Palencia que es una ciudad cercana a Valladolid. Nos sentamos en la parte trasera de la sala. Al finalizar le pregunté que le había parecido "Bien" y "¿que te pareció cuando la chica se fue con su tío al campo?" (La pregunta era obligada pues la protagonista tiene un tórrido romance con su tío, ella tiene 18 años). Se puso colorada y le dije si le daba "corte" hablar del tema. "Un poco", le expliqué que no debía tenerlo, que era normar hablar de esos temas. "Pero no con un hombre mayor" me di cuenta que era una vía de acceder a ella y seguí hablando del tema. Ale tenía curiosidad, pero no se atrevía a hacerme preguntas. De forma que le propuse hablar de ello otro día (se nos hacía tarde).
El primer miércoles de diciembre del 97 la recogí y le propuse ir mi casa para no estar en la calle, pues hacía frío. "Estará tu mujer", "No, iremos a mi casa de cuando era soltero ¿Te parece?". Estuvo de acuerdo, pero me dijo que ese día tenía prisa por que sus abuelos se marchaban a Madrid, dejándola sola el resto de la semana, le propuse vernos al día siguiente, con mas tranquilidad. Ella llamó al colegio, después de las clases de la mañana y yo la recogí en un sitio acordado a las 2 de la tarde. y fuimos a mi "picadero".
Yo había preparado la casa y alquilé dos películas, una bastante fuerte, pero para mayores de 18 años y, otra prono. No sabía como la usaría, de forma que cuando llegamos a la casa (por cierto dejé conectada la calefacción al máximo), se la enseñé deteniéndome en el dormitorio mas de lo normal, quería que se acostumbrase a entrar en él.
Le serví una Coca y nos sentamos en el sofá, frente a la TV. Puse la película fuerte y le dije que era una de mis favoritas. Era Lolita, la película sobre el libro de Nabokov. Como había hecho en el cine la semana anterior la tomé la mano y, después, le puse el brazo sobre su cuello, acercándola a mí. ¿Estas cómoda así? respondió que si, pero que tenía calor.
"Quítate el jersey", lo hizo. Tengo que decir que me enloqueció verla con su camisita blanca y su rodillas sobre saliendo por debajo de su falda. La acerqué mas a mí, a medida que Lolita y su seductor iniciaban sus correrías.
Yo tenía el pene a estallar, peor no quería estropear este momento, siendo demasiado impulsivo. Con mi mano le acaricié la cabeza y comencé a tocar su oreja, no sabía como romper el pequeño puro de su timidez. Así seguimos el resto de la película. Cuando terminó le pregunté que le parecía. Le dije que era una película sobre algo normal, como la iniciación de una niña por un hombre mayor. "¿Te has dado cuenta de que tienes casi la edad de Lolita?". Se puso colorada y yo aproveché para tomarla de su barbilla y besarle junto a sus labios. Como me devolvió el beso lo hice sobre sus labios.
Estaba colorada como un tomate y desprendía calor. "¿Has visto como fornican un hombre y una mujer?, ¿Quieres verlo?". No me respondió pero yo me levanté y puse la peli porno. Había elegido una en la que un hombre mayor iniciaba en el sexo a una adolescente (como en todas las pelis de este tipo la adolescente debía tener 21 años).
Observe a Ale cuando el hombre desnudo a la chica en la pantalla. estaba colorada y me pareció que a punto. Le tome de los hombros y la acerque a mi. Me beso todas las veces que se los pedí. En un momento determinado la puse de pies frente a mí y comencé a desabrocharle la camisita. "No te preocupes", se la quité u vi un pequeño sujetador blanco que cubría el par de tetitas mas hermoso que he visto, se lo quité y le acaricié el pecho, se le puso duro. En la tele el hombre le quitó la falda a la chica y yo hice los mismo con Ale. Sus braguitas eran también blancas, pero me día cuenta que tenía una compresa. ¿Tienes la regla? Si. Eso no me venía mal, pues debería contenerme para no penetrarla ese día, habría otros.
La senté junto a mí y le dije que observara lo que hacía la chica. En ese momento le chupaba el pene al hombre. Yo me abría los pantalones y saqué le mío. "¡Mira como es en realidad!". desde luego me arriesgué mucho. Podía haberle asustado aunque, pensé, a estas alturas no creo que se asuste. Y no lo hizo, puse su mano sobre mi pene y la dejé allí. En la peli el hombre puso a la chica sobre él, sentado en una silla. Ya acaricié a Ale y le chupé sus tetitas. casi me corro del gusto. eran pequeñas, suaves y virginales. Le dije que si le gustaba ¿Si!, ¿Quieres que siga?, ¡Si!. Le puse la mano sobre sus bragas, sobre su coño.
Busqué su clítoris y se lo acaricié. Se corrió en un minuto. Estaba "cachonda" y respondería a todas mis peticiones. Cuando se recupero le pregunté si era el primero ¡Si!.
La hice ponerse de rodillas frente a mí y le pedía que besara mi pene. Lo hizo, ¡Chúpamelo!. Abrió su boquita y me chupo el glande, lo hizo con precaución. "¿Quieres conocer su sabor?". Afirmó con la cabeza, mientras seguía chupandomela. Le avisé cuando iba a eyacular. Le agarré la cabeza, para que no se retirase y le dejé toda mi carga en su boca.
Se la tragó toda. Mi experiencia me dice que, en estos casos, serán buenas folladoras, pero tenía que esperarme a que dejara de tener la regla.
Eran las 5, 30 de la tarde y no sentamos juntos en el sofá. ¿Te ha gustado, verdad que es agradable?. ¡Si, me ha gustado y su sabor también!. La llevé a la cama y la deposité boca. abajo, comenzando a besarle la espalda. Le gustó y seguí, hasta que sentí un estremecimiento en su cuerpo. Era su segundo orgasmo. Esta pequeña era un placer. Ni en mis mejores sueñas había previsto algo así. Le di la vuelta y me puse sobre ella. "Mira como es un hombre", me tocó los testículos y los chupó a petición mía. Así estuvimos un rato y me corrí sobre su cara.
Quería que no le sorprendiese. En este caso se volvió a poner colorada." ¿Te da vergüenza?.. Un poco", "No debe dártela, es normal" ¿Pero te gusta haber venido? ¡Si!. No pude contenerme y la abracé con todas mis ganas. "Eres una maravilla, chiquitina y ya una mujer".
Estuvimos en la cama hasta las 8, besandonos y acariciandonos. La llevé a su casa y quedamos para el día siguiente.
Cuando pasé a recogerla me admire de su juventud y frescura. levaba su falda azul marino y se veían sus rodillas. Cuando subió al coche no pude contenerme y la bese, después de haber mirado al rededor por si nos observaban. Fuimos directamente a mi casa.
La abrace y le fui quitando su tres cuartos y su jersey. Se quedó frente a mí con su camisita blanca, su falda y sus medias azules. La llevé hacia el salón y la fui besando mientras la desnudaba. llevaba sus braguitas blanca y note que no tenía la compresa. ¿Ya estás buena?, Si. Ello me alegró y pasé al siguiente plan, penetrarla.
Como no que ría asustarla opté por desnudarme, sentarme en una silla y acercarla a mí . La hice separa sus piernas, poniendolas a los lados de las mías, y quedarse así, de pies, con sus piernas separadas, sobre mi pene totalmente erecto. Con mi mano tomé la suya y le acaricié los labios de su vagina. Luego fui yo solo el que lo hizo. la puse así, para que no se cubriera su rajita, si le daba por mostrarse tímida. He hice bien, cuando la acaricie me miró con ojos de cordero a medio morir, pero no se cubrió la rajita. Yo la bese en la boca y, con la otra mano le acaricié las tetitas, mientras con mi mano derecha le separaba los labios vaginales y le acariciaba. Le dio tanto gusto que casi se cae al suelo, de forma que la senté frente a mi, sobre mis rodillas. Con mi mano derecha seguí acariciando su rajita y su clítoris. Se corrió dos veces.
Desde luego estaba cachonda y dispuesta a todo.
Lo cierto es que era como un corderito. Le pedía que tomara mi pene y lo hizo. le pedí que lo apuntase frente a su coñito y puso mi glande justo en la puesta de su rajita. Levanté sus piernas y le hice ponerlas en la banqueta de la silla, separando aún mas su rajita. Luego puse mi pene sobre ella y le restregué. Sus ojos se quedaron blancos de gusto que le dio.
"¿Te gusta? ¡Siii!" "¿Quieres que te la meta?", me miró con cara de no entender. "Quieres que haga como en la peli de ayer?", asintió con su cabeza y yo presioné en la boca de su gruta. Era cálida como el fuego. Acerqué su culito hacia mí y hice un poco de fuerza, la justa para que toqué la telilla de su virginidad. Demore la penetración, ella tenía espasmos como si fuera a tener un gran orgasmo, y lo tuvo. Fue espectacular sus pechos se pusieron duros y su vagina apretó mi glande. Esto hizo que yo me corriera, Fue un gran orgasmo.
Pensad que yo había montado todo esto para tirarmela, y lo estaba haciendo. La abracé contra mi pecho diciendola lo mucho que la quería. "Yo también te quiero" me dijo.
Se me planteaba un dilema, la penetraba ya, cuando mi pene se pusiera duro, o esperaba un poco, para que me pidiese que la penetrase.
Opté por lo primero (Mas vale pájaro en mano que ciento volando), la llevé a la cama y la deposité en ella. Estaba tendida boca arriba, con unos ojos de lujuria que no había visto en mucho tiempo. Levanté sus rodillas y puse la almohada bajo su culito. Mi pene estaba en la boca de su vagina y empecé a penetrarla lentamente. Se corrió cuando aún no había intentado forzar la entrada. De forma que, mientras se corría, la penetré hasta el fondo. Dio un grito "¡Me haces daño!" "No te preocupes mi amor, ahora me quedo dentro quieto y ya no te duele ¿verdad?". Así lo hice y, la pequeña le calmo. Comencé a moverme a dentro y a fuera y se puso a cien, estaba verdaderamente excitada. lloraba de gusto y reía al mismo tiempo. Nos corrimos al mismo tiempo. Fue grandioso.
Después de esa vez hemos quedado muchas mas, que ya os contaré en otra ocasión. Además su culito estaba esperando una visita mía.

CALENTURA




Mis padres no iban mucho por la finca así que decidí pasar allí la mayor parte del verano, recuperando las asignaturas del ultimo año de carrera. Se encontraba a varios kilómetros del pueblo, y tenía un bonito cortijo de estilo andaluz, y una casa separada 50 mts, donde residían los guardeses de la finca.
Hacía varios años que no pasaba tanto tiempo en la finca, dado que prefería disfrutar del verano en la playa con los amigos, pero dado que tenía que terminar de una vez la carrera, me propuse aislarme del mundo por unas semanas.
Cuando paso mucho tiempo estudiando, la libido se me dispara. Comienzo a sentir deseos sexuales que se transforman en fantasías, rápidamente, por lo que durante las horas de la siesta, vagaba por el caserón empalmado y pensando en tías en pelotas y dando rienda suelta a mis fantasías.
Una de esas tardes apareció Silvi.
Era la hija de los guardeses. Una niñita morena, carita de viciosa y un cuerpo donde destacaban dos tremendas tetas y unas caderas de ensueño.
Resulta que la nena también estaba estudiando, y como en su casa no le dejaban en paz el normal ajetreo de una familia, quería saber si me molestaría compartir la sala, dejándola estudiar a esa hora, ya que además el lugar era más fresco.
El lugar y la nena, porque Silvi me miraba con una cara de nena inocente, al mismo tiempo que sobre su delgada camiseta blanca empezaban a delatarla dos magnificas puntas sobre sus impresionantes senos. -Bien Silvi, puedes venirte cuando quieras, solo te pido que te comprometas a estudiar en silencio, y no hacer ruido.
-De acuerdo Don Paco, no se preocupe.
Al día siguiente, parecía que se habían desatado todos los infiernos, pues desde las primeras horas del mediodía comenzó un bochorno tan intenso que hasta las chicharras permanecían en silencio.
Para estar más cómodo, solamente llevaba puesto un delgado pantalón de deporte, que ni siquiera tenia braguero, encontrándome completamente empapado en sudor y refrescándome con un bote de limpiacristales que había llenado de agua fría, y de vez en cuando esparcía sobre mi torso desnudo.
Estaba tumbado en un sofá, en el salón grande de la casa, donde los pocos muebles y los altos techos parecían aliviar la atmósfera, cuando apareció la nena.
Silvi parecía salida de un horno, estaba totalmente sofocada, al haber recorrido bajo el severo sol el camino que separaba el cortijo de su casa.
Llevaba puesta una camiseta de tirantas blanca, muy fina y unos pantaloncitos ajustados de algodón fino también blancos, y ambos los traía empapados, no dejando a la imaginación nada de lo que había debajo.
La visión de sus pechos trasparentándose bajo la camiseta me provocó una erección inmediata, la cual se colmó, cuando al acercarse, me fije que entre los muslos se le marcaba la raja de su pubis, completamente empapado.
Le dije que se sentara, y que le daría algo de beber lo cual agradeció.
Al regresar de la cocina me la encontré tumbada sobre el sofá rociándose con el bote de agua.
A Silvi se le habían pegado las tetas a la camiseta completamente mojada, dejando ver dos pedazos de pezones completamente erectos.
Al darse cuenta de mi mirada, me respondió un poco avergonzada:
-Uy Don Paco, espero que no le moleste que utilice su refrescante método.
-No Silvi, puedes echarte todo el agua que quieras.
Dicho esto, y un poco seria, me dijo que enseguida se pondría a estudiar, y que no me preocupase que no me molestaría más.
Se sentó en una de las altas sillas de la mesa grande, en el extremo más alejado de la misma, frente a mí.
Al poco rato volvió a levantarse y situándose en un extremo de la sala, volvió a rociarse con agua, por lo que su delgada camiseta estaba otra vez empapada. En esta ocasión pude ver a Silvi, que de una forma natural se levantaba un poco la goma de su pantaloncito y se rociaba sobre su estomago desnudo, colocando después su mano libre y bajándola hasta su pubis.
-Silvi, que haces?.- Dije levantándome de la silla, completamente empalmado.
-Uy Don Paco, es que tengo tanto calor, que necesito mojarme todo el cuerpo.-
Al mismo tiempo, su mano salió de debajo de su pantaloncito, el cual completamente mojado y pegado sobre su monte de venus, marcaba una protuberancia muy pronunciada, completamente lisa y sin ningún pelito.
-Mire, se me pega todo el pantaloncito.
Diciendo esto se subió con las dos manos el pantaloncito, ciñéndoselo aún más, el cual marcaba totalmente su coño virgen y depilado, que apuntaba hacia delante desafiante.
Mi erección era totalmente visible, y con mi miembro erecto me acerqué hasta donde estaba ella.
-Mójate más Silvi, estarás más fresca.
Diciendo esto se roció con agua por todo el cuerpo, sobándose al mismo tiempo su vientre y sus pechos.
-Don Paco, porqué cuanto más me mojo más calor tengo.
Me miraba con cara inocente, mientras toda su calentura se le salía de la camiseta, con aquel par de tremendas tetas, completamente empapadas, mirándome a la cara.
-Siento calor aquí, Don Paco.
Decía mientras con una mano se levantaba el pantaloncito y se acariciaba la zona del pubis.
-Quitateló, Silvi .-Dije sin darme cuenta. -Estarás más fresca.
De esta forma y después de inclinarse se bajo los pantaloncitos, quedando ante mí con la camiseta empapada y el pubis desnudo y sin ningún pelo.
-Mi papá me deja andar así por casa, cuando hace calor por las noches, no pasa nada, verdad? -No Silvi, no es malo. ¿qué te dice tu papá? -Que soy muy guapa, y que no debo taparme delante suya. Y me hace caricias así mire.
Al mismo tiempo, con toda su mano se manoseaba el coño, el cual completamente húmedo, acogía las resbaladizas caricias abriéndose completamente y mostrando la suave entrada en todo su esplendor.
Silvi se acariciaba de pié ante mí con toda naturalidad, dejándose ir por un placer que la dominaba. Su mano se apretaba contra su sexo, mientras que sus tetas se movían bajo la camiseta, con los pezones completamente erectos.
La visión superaba todas mis fantasías, y no pudiendo aguantar más, me deje atrapar por la inocencia de la niña, y con su misma naturalidad me baje los shorts, dejando que mi polla, saludara empalmada a mi pequeña amiga. Silvi salió un momento de su estado, y se quedó mirando mi miembro, al tiempo que se acercaba.
Su culito salía más abajo de su corta camiseta, que se elevaba con la turgencia de sus grandes senos, y su pubis abierto parecía empujar todo el cuerpo de Silvi hacia delante.
Yo me había recostado sobre el cercano sofá, y me acariciaba suavemente mi polla tiesa, completamente desnudo.
Silvi se colocó delante de mí, acariciándose su mojada raja, completamente abierta, mientras que la otra mano se pellizcaba un pezón sobre la camiseta.
-Que grande tiene la colita, Don Paco!! -¿Qué otra colita habéis visto, Silvi? -Mi hermano y mi papa no la tienen tan grande.
La toco con su mano, al tiempo que se subía sobre mí estomago, descansado su mojado y suave coño sobre mi piel, quemándome con su calentura.
-Uhmm, me encanta sobarme sobre tu estomago...
Mientras se movía sobre mi piel dejándolo todo empapado por sus jugos, que vertía de forma casi antinatural. Se dejo caer hasta tener toda mi polla sobre su raja, apoyándose en ella y como una perra en celo empezó a pasear su chorreante coñito sobre la punta de mi polla, calentándola hasta limites insospechados. Sentía todos sus pliegues resbalar por la punta de mi glande, que se hinchaba cada vez más, mientras la cara de Silvi, con los ojos cerrados dejaba adivinar que más de un orgasmo se había repetido durante la tarde.
La visión del desnudo pubis de Silvi, los pechos bajo la mojada camiseta, todo ello sobre mi polla, no pudo sujetarme más y descargué chorros de semen sobre la raja de Silvi. Esta, se empezó a restregar el liquido blanco entre los labios de su coñito, inundándolo todo con los caldos de un tremendo orgasmo, los cuales caían goteando sobre mí estomago.
Silvi, se quedó dormida sobre mi pecho, y así pasamos el resto de la tarde.

NINFOMANA




Caro hizo una nota mental de pasar por la tienda de Pepe Aguado, antes de que cerrara. Pepe tenía de todo en su abarrotado negocio, incluyendo algo de lencería. Caro había llegado a un acuerdo con él, para que la proveyera con las bombachitas siempre que las necesitara para aplacar la curiosidad de su madre. Pepe había ordenado todo un lote de la marca de bombachitas que usaba Caro, especialmente para ella, pero desaparecían muy rápido.
Mientras Caro subía las escaleras desde el sótano, feliz y satisfecha, oyó voces en el pasillo, un poco más arriba.
-Mire ese escobillón en el piso, Gutiérrez. Gianinni se fue y dejó todo en el suelo. Casi me mato con esta cosa de mierda. ¿Lo ha visto por algún lado?
-¿El portero? No, no lo he visto. Debe de estar abajo.
-Bueno, me voy a buscarlo para decirle lo que pienso de él. Si este tipo de cosas vuelven a repetirse, tendré que tomar medidas extremas y echar a ese pequeño hijo de puta. Usted siga con lo suyo, Alfredo; yo voy a bajar al cuarto de la caldera para buscarlo. Buenas tardes.
-Buenas tardes, señor.
A Caro le costó muy poco reconocer esas voces. Eran el Sr. Rodríguez y el Sr. Cuello, el vicedirector. Caro estaba preocupada. Ciertamente, no quería que el Sr. Cuello encontrara al portero medio desnudo en su cuartito; pero, más que nada, no quería que nada malo le sucediera, especialmente después de lo que había había hecho por ella. Afortunadamente, era el vicedirector quien había tropezado con el escobillón. Ella sabía exactamente cómo manejarlo.
El vicedirector comenzó a bajar por las escaleras con el escobillón olvidado en sus manos. Se detuvo al ver a Caro.
-Jovencita, ¿ha visto al portero?
-No, Sr. Cuello.
-Ah, es usted, Srta. Lamas. No te reconocí. -dijo, con un extraño tono de voz.
Miró sobre su hombro, hacia atrás, para ver si Alfredo Rodríguez aún estaba ahí.
-Por favor, señor. Necesito verlo. Es importante. Es acerca de lo de la semana pasada.
Roberto Cuello tragó saliva, nervioso. Recordaba muy bien lo de la semana pasada. Desde aquel día, se había estado debatiendo si patearse por haber sido tan indiscreto, o si deleitarse con el recuerdo de lo que había ocurrido en su oficina. Caro había ido a verlo por algún motivo que, de alguna manera, no recordaba (aún no estaba seguro de cómo había sucedido) y de pronto, se encontró con su pija dentro de la joven cogiéndosela sobre el escritorio. Pese a que muchas veces había estado tentado, era la primera vez que había sucumbido a la seducción de la joven carne fresca que lo rodeaba día tras día. Pero nunca nadie había sido tan joven ni seductora como Caro.
Nunca había visto nada como su combinación de inocencia virginal y puro erotismo. Ahora estaba verdaderamente preocupado. ¿Qué sería lo que ella debía decirle? No podía estar embarazada; era demasiado pronto para saberlo.
Tal vez, se lo había dicho a sus padres. Quizá, querría dinero para guardar el secreto. Estas putitas eran impredecibles. Pero, que momento tan encantador. Su poronga sintió deseos, de sólo pensar en ello. Se quedó quieto, con incontables e innombrables miedos recorriéndole la mente, y una corriente de energía sexual recorriéndole el cuerpo.
Caro siguió subiendo por las escaleras hasta que quedó parada unos escalones más abajo de él. Su cara estaba al nivel del bulto de su superior. Por tercera vez en poco más de media hora, sus manos alcanzaron y apretaron la pija de un hombre sobre sus pantalones.
-La quiero otra vez, señor. Quiero su pija dentro de mí otra vez.
Cuello sintió deseos lujuriosos en todo su cuerpo. Su poronga se le endureció y él suspiró aliviado al darse cuenta de que la "niña" no lloraría, ni se quejaría ni trataría de chantajearlo, como una vez había sucedido con uno de sus colegas. A la vez, miró a su alrededor, nervioso, temiendo que alguien pudiera ver o escuchar. Caro volvió a apretar aquel pedazo, cada vez más endurecido, sobre los pantalones, recordando cómo lo había gozado. Era delgado, pero tan largo y duro como un palo de escoba.
Otra vez, miró el escobillón que él sostenía, tratando de imaginarse cómo se sentiría dentro de ella. Cuello se dirigió a Caro abruptamente, aún sosteniendo el escobillón.
-Aquí no, putita Conchita Caliente. ¡Rápido, a mi oficina!
Feliz, Caro lo siguió por el pasillo. Todo había salido a las mil maravillas; el Sr. Gianinni estaba a salvo y ella sería cogida una vez más.
En cuanto estuvieron dentro de la oficina, con la puerta cerrada, el vicedirector bajó el escobillón y trató de abrazarla. Caro se escabulló. Ni siquiera le gustaba ese hombre -quien imponía la disciplina en el colegio-, así que ciertamente no iba a besarlo; pero sí le gustaba su poronga, y la besaría con mucho gusto. Además, quería hacerlo sufrir un poco.
-Quiero verla de nuevo, Sr. Cuello. También quiero besarla. Su pija.
Muésteme su pija, por favor, Sr. Cuello. Apúrese. No puedo esperar.
-No te preocupes, Conchita Caliente. Ya la verás, y también vas a sentirla.
Así que lo de la semana pasada no fue suficiente, ¿eh? ¿Querés más?
-Siempre quiero más, Sr. Cuello -dijo Caro, sincera y dulcemente.
Apurado, Cuello comenzó a quitarse la ropa, viéndose obligado a frenar su ímpetu, cuando las botamangas de sus pantalones se trabaron con los zapatos.
Nuevamente, estaba dominado por el hechizo erótico que ella irradiaba.
Mientras lo observaba en su lucha, Caro se sentó en el sillón detrás del escritorio, donde él se la había cogido la semana anterior. Se levantó la falda y se abrió de piernas, dándole una vista perfecta de sus húmedos labios vaginales, aún dilatados por la cogida del Sr. Gianinni. Verla así lo hacía aún más difícil para él.
-¡Carajo! ¡Realmente, tendrás tu sesión, putita!
Distraída, casi de manera casual, Caro tomó el escobillón que el vicedirector había apoyado contra el escritorio, cuando entraron. Lo atrajo hacia ella, y al hacerlo, casi le pegó a él en el cuerpo, hasta que el palo quedó delante de ella. Luego, con deliberada lentitud, llevó la punta del mango hasta su rajita caliente, frotándolo arriba y abajo, hasta que brilló con sus jugos, empujándolo, después, centímetro a centímetro, dentro de su conchita sin fondo.
-¡Ay, ay, ay! Por favor, apúrese Sr. Cuello. Quiero su poronga dentro de mí, otra vez, no este pedazo de madera. Apuesto a que su pija es aún más dura que esto. Sólo sé que me encantará.
Cuello no podía creer lo que veía. Esta jovencita de trece años y muy deseable no sólo estaba cogiéndose con un mango de escobillón, frente a él, sino que su conejito, pequeño y aparentemente frágil, se tragaba con toda facilidad lo que a él le parecía una porción increíblemente larga de la madera lustrada. "Tendría que estar saliéndole por la cabeza", pensó, mientras terminaba de quitarse los pantalones.
Ahora estaba desnudo de la cintura para abajo, con la ya durísima poronga curvándose por debajo de las colas de la camisa. Era tan larga y delgada como Caro la recordaba; y la vista de ella cogiéndose su jugosa conchita con el palo del escobillón, había llevado a Cuello a un estado de excitación que no había tenido en años.
-Venga, señor. Déjeme probarla.
-Por supuesto que vas a probarla, putita. ¡Aquí la tenés! ¡Chupala! ¡Chupame la pija!
Con todas sus ganas, Cuello se ubicó frente a ella, eludiendo, no sin cierta dificultad, el escobillón que seguía dentro de ella. Cuando vio que ella no dejaría de cogerse con el palo, pasó las piernas sobre él y lo montó para poder acercarse más a ella. Como Caro tenía ambas manos ocupadas sosteniendo el mango del escobillón, sólo sonrió y abrió la boca, tomando la punta de aquella herramienta. Él la agarró del pelo y le tiró la cabeza hacia adelante, empujando la pija hacia su boquita. Caro volvió a abrir los labios, con ganas, para chuparla hasta adentro, lamiendo y acariciándola con su lengüita, hasta que estuvo segura de que no podía estar más dura... casi tan dura como el mango del escobillón. Luego, dejó el escobillón y llevó las manos a las caderas del vicedirector para llevar su poronga aún más adentro hacia su garganta. El palo del escobillón colgaba entre sus muslos, todavía aprisionado dentro de su apretado conejito, hasta que la fuerza de gravedad y la de sus músculos cerrados, lo empujaron hacia afuera y calló, ruidosamente, al piso y Caro, de pronto, tiró la cabeza hacia atrás, abandonando la poronga inflamada.
-Ahora, quiero que me la meta, Sr. Cuello. Cójame por atrás. Métamela fuerte, bien fuerte.
-Muy bien. Vos lo pediste, puta. Levantá el culo para que pueda alcanzarlo.
Rápidamente, Caro se puso de pie, inclinándose sobre el borde del gran escritorio, apuntando su adorable trasero directamente al vicedirector, salvaje de calentura. En seguida, estaba dándole exactamente lo que ella había pedido, metiéndole su larga herramienta en su conchita, aún resbalosa y palpitante, por los efectos del escobillón y la abundante leche que el portero había depositado ahí. Pero no era exactamente lo que ella deseaba.
-No. Ahí no, Sr Cuello. Por el otro lugar. Quiero sentir su pija en mi trasero. ¡Cójame por el culo, por favor!
-¡Carajo! -exclamó el Sr. Cuello, mirando su pija, enterrada hasta las pelotas en la joven cuevita, y el pequeño orificio del culo de Carolina, justo arriba.
No podía creerlo. Esta pequeña Concha Caliente quería que la cogiera por el culo. Nunca antes lo había hecho, pese a que, a menudo, lo había imaginado, viendo aquellas jóvenes estudiantes en sus apretados pantalones vaqueros; y una vez lo había intentado con su esposa, pero resultó demasiado doloroso para ambos. ¡Pero Carolina! El delicioso culito de Caro! La sola idea hizo que su poronga saltara en las profundidades de aquella conchita. La partiría en dos. Sintiendo que su aparato latía con renovada excitación, Caro comenzó a temer que él pudiera terminar en su conejito, antes de conseguir lo que deseaba.
-¡Rápido! Apúrese, por favor, señor! En mi culo, ¡cójame el culo!
-¡Ya lo creo! Voy a cogerte el culo, mi reventadita. ¡Y no podrás sentarte por un mes!
El vicedirector se retiró hacia atrás. Su larga herramienta parecía no terminar de salir nunca de la conchita en la que estaba atrapada. Fue necesario un gran esfuerzo de voluntad, por parte de él, para sacar esos últimos centímetros. Aun Carolina se quejó con tristeza involuntaria. Pero sus quejas se convirtieron en suspiros de alegría, al sentir a Cuello ubicando la cabeza de su poronga en la entrada marrón y arrugada a sus intestinos. El vicedirector no creyó que entraría, por lo pequeño y apretado que era; pero algo lo incitaba a intentarlo.
-¡Oh, sí! ¡Así, señor! Ahora, empújela dentro de mí. ¡Fuerte!
-¡Carajo! -exclamó, al metérsela brutalmente, sin importar lo que le haría a la niñita. Estaba demasiado ensimismado en su lujuria para considerar las consecuencias. La cabeza de su poronga presionó dolorosamente contra la pequeña abertura, resbalando por su raja traspirada-. ¿Te gusta así, mi putita?
-¡Oh, sí, señor! ¡Me gusta! ¡Me encanta así! Empuje fuerte, señor. ¡Empuje su pija para que entre en mi culo! ¡Apúrese!
Algo muy dentro de él quería castigar a esta niñita por llevarlo a esta situación. Otra cosa dentro de él sólo deseaba hundirle la poronga tanto como fuera posible en su culo. Sostuvo su herramienta y empujó hacia adelante, sintiendo cómo su glande se aplastaba dolorosamente contra la pequeña abertura. Pero Caro acomodó su culo y empujó hacia atrás, al mismo tiempo, con tal fuerza que antes de poder darse cuenta, Cuello ya tenía la mitad de su larga pija dentro de aquel culito, pudiendo sentir la presión de aquel delicioso y caliente envoltorio apretando su herramienta.
Estaba envuelto en una furia erótica. Cerrando los ojos, tiró hacia atrás y volvió a metérsela, agarrando las caderas de Carolina para ayudarse en cada arremetida. En pocos segundos, estuvo totalmente dentro de ella, con las nalgas firmes y redondas de la jovencita contra su vientre. Desesperado, hizo a un lado su camisa para sentir aquella carne fresca rozando su piel.
Luego, comenzó a balancearse, entrando y saliendo de ella, con poderosos y certeros golpes, tremendamente excitado por la estrechez y el calor de los músculos del culo de Caro, con los cuales atrapaba su tremendo palo, pero más aún por la sola idea de lo que estaba haciendo.
Caro, en éxtasis, se acomodó, encantada por sentir ese poste penetrándola, tocando y estrujando sus músculos anales, deleitándose mientras él se la metía una y otra vez. ¡Se sentía tan bien! Siempre se sentía bien cuando tenía una pija dentro de ella, sin importar por dónde. Llegó con una serie de pequeñas explosiones, que hizo que su culito se arrebatara, con convulsiones, mientras la poronga le ponía toda su potencia. Cuello estaba tan increíblemente excitado y el culo de Caro estaba tan apretadito que él no tardó mucho y, en menos de dos minutos, presa del cansancio, cayó sobre la espalda de la adolescente, jadeando. El peso apretó sus tetitas cruelmente contra el escritorio y la pija palpitaba y escupía en la profundidad de interior. Caro suspiró y tuvo otro orgasmo, al sentir los chorros de leche dentro de ella; luego, en muestra de gratitud, apretó suavemente su poronga, cada vez más pequeña.
Cuando finalmente se recuperó y se alejó un poco, Cuello miró el frágil cuerpo, aún desparramado sobre el escritorio, aquel culito redondo, hinchado y virginal, su propia herramienta manchada y flácida. No podía creerlo; no podía haber ocurrido. Pero lo que más lo sorprendió y causó más incredulidad fue cuando la jovencita se dio vuelta y le sonrió feliz, alcanzando su poronga ya relajada. Caro se arrodilló y le besó la punta de la pija.
-Ahora quiero probarla, Sr. Cuello. Eso fue muy lindo y su herramienta entró muy bien en mi colita. Pero se ensució ahí, así que voy a limpiársela.
-¡Carajo, chiquita! ¡No podés! ¿Qué mierda? Es... ¡está sucia!
-Ya sé. ¡Por eso me gusta tanto!
Y alegremente se agachó a hacer su trabajo. Pese al asco que le daba esa idea, no podía resistirse. Ávidamente, Caro le lamió la poronga, buscando todo lo que tuviera sabor, llevándola dentro de su tibia boquita y lavándola con la lengua. Y mientras chupaba y lamía, habló con él, y en esos pocos minutos, le hizo entender que a ella le encantaría volver a tener aquella larga herramienta dentro su culo, conejito o boca, pero que el Sr. Gianinni era un muy buen amigo de Carolina y que si perdía su trabajo, ella estaría tan triste que quizá no querría coger con el vicedirector nunca más.
Confundido, el Sr. Cuello volvió a subirse los pantalones lentamente, mientras Caro salía feliz de la oficina, con su culito al aire debajo de su diminuta falda. Caro salió del colegio. Momentáneamente, por lo menos, su picazón había sido calmada. Además, estaba segura de ya no había nadie más en el edificio. Había sido un buen final para su día escolar. Ahora debía ir a lo de Pepe para recoger una bombachita de repuesto para reemplazar los que había dejado en el cuarto de la caldera. No era que fuera a ponérsela; aún faltaba mucho para llegar a su casa, y quién sabía cuántas hermosas pijas encontraría -o se metería- en el camino.

SR PROFESOR




Cuando finalmente sonó el timbre, Carolina Lamas suspiró aliviada. Le gustaba el colegio y era buena estudiante, pero esa tarde había sido muy larga. Su conchita había empezado a picarle durante la clase de Inglés, y había estado moviéndose en su asiento durante toda la hora de Historia. Miró al Sr. Rodríguez, su profesor de Historia, siempre tan bien vestido y respetable, con sus saco y los pantalones de franela. El miércoles era el único día en el que lo tenía la última hora y a Caro le parecía que en esos días siempre estaba especialmente elegante. Logrando que sus ojos se encontraran, ella le sonrió, y él se ruborizó y, rápido, miró para otro lado.
Los otros estudiantes se retiraron muy pronto. Caro se quedó y se acercó al escritorio, como para hacerle una pregunta.
-Sr. Rodríguez, tengo un problema.
-Sí, Srta. Lamas. ¿Qué ocurre?
Su pregunta casi se le atragantó, porque él sabía lo que sucedería. Todos los miércoles pasaba lo mismo. La jovencita dejó sus libros de texto sobre el escritorio y se paró al lado del profesor, del lado opuesto a la puerta del aula.
-Es esto. No puedo lograr que me entre en la cabeza -dijo Caro, mientras su mano derecha se dirigía a apretar el bulto del profesor. Alfredo Rodríguez suspiró, pero no se alejó. Ella estaba feliz de sentir su pija semierecta y sacudiéndose bajo su mano. El aula estaba vacía pero la puerta seguía abierta; sin embargo, el Sr. Rodríguez daba la espalda al pasillo y Caro estaba casi completamente oculta a las personas que pudieran pasar.
Sostenía firmemente su pija que se agrandaba a cada momento, apretándola con suavidad a través de los pantalones impecables.
-Es tan difícil tragar algo como esto -susurró Carolina, dando un apretón extra. Mentía. De hecho, a Caro le encantaba tragarse la poronga de su profesor de Historia cosa que había estado haciendo con estusiasmo, desde la segunda semana de clases. La pija del Sr. Rodríguez parecia estar hecha para chupar, xcontrariamente a lo que sucedía con las de sus otros profesores. No era enorme, pero tenía un gran glande grande y redondo que cabía perfecto en la boca de Caro, como una ciruela madura y jugosa.
Con gran habilidad, bajó el cierre y metio la mano en la bragueta. Ahora, el Sr. Rodríguez usaba calzoncillos boxer, al menos los miércoles, aunque al principio no los usara. Caro recordó el trabajo que le había dado la primera vez que había intentado la poronga medio hinchada de sus pantalones. Pero esta vez, salió con facilidad, como con ganas de lo que sucedería. Parecía tener más ganas que su propio dueño. El Sr. Rodrígues trago saliva ruidosamente.
-Eh… Eh, la puerta, Srta. Lamas. ¿No deberíamos…?
Por lo general, Caro le daba la oportunidad de cerrar la puerta, pero hoy no podía esperar a probar su pija, y le gustaba la emoción de saber que los podrían descubrir en cualquier momento.
Ansiosa, abrió sus labios sobre el glande rojo de su ya completamente erecta pija, besándolo con cariño. Luego, comenzó a lamerla con avidez. Instintivamente, el profesor empujo con sus caderas hacia adelante y aquel gran manjar entró con gran facilidad entre los felices labios de Caro. El profesor tomó la cabeza de la jovencita y comenzó un tímido mete y saca con breves empujones breves, mientras Caro chupaba vigorosamente.
Se oyeron pasos en el pasillo. El Sr. Rodríguez se congeló, con su poronga en las profunidades de la boca de Caro.
-Por favor, Srta. Lamas… ¡Carolina! ¡Dios mío! Alguien viene. Deténgase, por favor. No podemos. Aquí no.
Nervioso, trató de alejar a la colegiala de su miembro, pero Caro no quiso saber nada. Hincó los dientes, sin ánimo de lastimarlo, pero con la suficiente firmeza como para que se diera cuenta de que podía hacerlo si ella quería. Con los dientes de la jovencita bien apretados contra la carne del tembloroso tronco, le resultaba imposible sacar su hinchado glande entre la dentadura. Caro no permitiría que le quitara su chupetín, sin importar quién estuviera ahí.
Los pasos se detuvieron en la puerta. Se oyó una feliz voz de mujer: -Buenas tardes, Alfredo. ¿Está trabajando tarde?
Era la señorita Álvarez, la secretaria del rector. Carolina sabía que la mujer quería seducir al Sr. Rodríguez Todas las chicas lo comentaban en el baño.
El Sr. Rodríguez giró la cabeza, mirando con dificultad sobre su hombro. Su cuerpo se mantenía en posición gracias a la tenaz boca de Caro que sonstenía su pija.
-Eh, oh, sí, Srta. … eh… Álvarez. Hay algunas cosas que debo terminar.
-Ud. es demasiado trabajador, Alfredo. Debería descansar y también diverirse un poco.
Caro comenzó a mover su cabeza un poco, frotando la lengua sobre la cabeza de la pija de Alfredo Rodríguez, aún cuidando que no pudiera sacarla. Estaba muy excitada. Habiendo sido observada, a menudo, mientras chupaba o cogía, esto era diferente porque era un secreto. Podí imaginar el lío mayúsculo que se armaría si fueran descubiertos. El Sr. Rodríguez habrá estado pensando lo mismo porque su poronga, erecta a más no poder, comenzaba a achicarse en la boca de la colegiala. Caro estaba dispuesta a terminar con esa situación y siguió trabajando con su lengua. En vista de que, por alguna extraña razón, Alfredo Rodríguez ni siquiera la miraría, Luisa Álvarez se retiró, enojada y confundida.
En cuanto se fue, Caro comenzó a chupar la poronga de su profesor con todas sus ganas. Él estaba tan extasiado y asustado por el casi descubrimiento, que prácticamente no se movió. Pero eso le importaba muy poco a Carolina.
Cuando se trataba de sexo, ella estaba muy dispuesta a hacer todo el trabajo, pues le resultaba imposible que la otra persona o personas pudieran experimentar siquiera una pequeña fracción del indescriptible placer que le proporcionaban sus actos sexuales.
Hasta agradecía que hombres como el Sr. Rodríguez le dejaran chupar su pija casi siempre que ella lo deseara. Así que, disfrutando de su placer, trataba de darles cuanto pudiera en agradecimiento, pese a saber que nunca podría estar a la par con el suyo.
Su lengua y labios habian hecho un buen trabajo y ahora las caderas del profesor estaban nuevamente activas, al encontrarse introducir el tronco palpitante en su boca. El gran glande se metía en su garganta, estirando la pija aún más de lo que hombres con aparatos más grandes, habían logrado. Caro apenas podía esperar a sentir los chorros de leche caliente y dulce entrando en su barriga.
-¡Ay, señorita…! ¡Ay, Dios mío! Carolina, ¡Uuuuh! ¡Esto es una locura!
¡Cualquiera podría haber llegado!
Especialmente nosotros, pensó Caro, mientras con una succión explosiva final, llevó a su profesor a un tremendo clímax. Él gimió y tomándola de la cabeza, la atrajo contra su vientre, finalmente dando libertad a la pasión, en tanto su leche entraba en la boca de la jovencita. Caro mantuvo la poronga que seguía lanzando, prisionera dentro de la aterciopelada trampa de su boca y tragó cada gota de aquel maravilloso líquido. Continuó chupando suavemente, aun después de que todo hubiera terminado, sintiendo como aquella firme pija se achicaba entre sus labios. Finalmente, dejó que el laxo órgano resbalara fuera de su boca. El Sr. Rodríguez volvió a colocarla, desprolija y rápidamente dentro de sus pantalones.
-¡Carolina, esto es una locura! ¿Por qué me atormentás de esta manera? No puedo seguir así. No aquí, en el colegio. ¿Por qué no venís a mi casa, en vez? Luisa Álvarez casi nos pescó. Por lo menos, deberías haber esperado a que cerrara la puerta. Habría sido el fin. Mi trabajo. Mi carrera.
-Su poronga -respondió Caro, riendo y relamiéndose los labios-. Pero no podía esperar, Sr. Rodríguez. Todos los miércoles por la tarde me pongo muy caliente pensando en su pija. Entonces, debo tenerla enseguida. Además, quizá la Srta Álvarez no estaría tan horrorizada como usted piensa. Tal vez, hasta habría querido estar en mi lugar.
Pero Alfredo Rodríguez no esduchaba. La presión en sus pelotas había desaparecido y todo lo que quería hacer ahora, era alejarse del colegio rápido, antes de que alguien le preguntara qué estaba haciendo en un aula vacía, después de clases con una niña de primer año. Tomó sus libros y, apurado, se fue a la seguridad del salón de profesores, diciéndose a sí mismo que debería ponerle fin a esto, pero sabiendo que estaría ahí, otra vez el próximo miércoles, después de clases. Era una locura, pero no se podía resistir a lo la pequeña Caro y su talentosa boca podían hacer por él.
Con una sonrisa divertida, Caro lo vio alejarse apurado. Siempre era así, pero ella no se ofendía. Había obtenido lo que deseaba de él. Su conejito aún le picaba pero tenía el delicioso gusto a esperma en su boca para saborear hasta que encontrar a alguien que le pusiera una pija entre las piernas. Eso no tardaría en suceder y lo sabía; nunca tardaba. Relamiéndose por última vez, Caro levantó los libros y salió al pasillo, donde casi chocó con el portero que barría el piso con un escobillón. Era un hombre pequeño, de sesenta y tantos años, cuya altura llegaba a un poco más de la mitad del escobillón. Se llamaba Bruno Gianinni. Su español era muy pobre, pero tres de sus hijos iban a la universidad. Era un hombrecito callado, amable, de cabello cano y a Caro le resultaba muy simpático. A menudo, se detenía a charlar con él sobre su familia. Al ver una colegiala que aún andaba por ahí, frunció el entrecejo; por lo general, significaba que había algún problema. Pero cuando reconoció a Caro, su rostro se iluminó y sonrió como un niño feliz.
-Oh, signorina Carolina. Chau. ¿Va bene?
"¡Muy bien!", pensó Caro, aunque algunas personas podrían decir lo contrario.
-Hola, Sr. Gianinni. ¿Cómo anda todo? Come stai?
-Bene, bene, grazie. Muy bien, quiero decir. Mío hico Piero recién se casa.
-La sé. Me lo dijo. Fue la semana pasada, ¿verdad? ¿Se fue de luna de miel?
-¿Fue? Sí, a Italia. Al mío popolo. Pero tengo fotos de la sua boda. ¿Quiere ver, signorina Caro?
-Me encantaría, Sr. Gianinni.
-Son abaco. Viene. Yo muestro.
Bajó su escobillón y caminó hacia las escaleras. Caro lo siguió, sin muchas ganas. Habría preferido que tuviera las fotos encima. Ahora tendría que esperar un poco más antes de encontrar alguien que le rascara la picazón en su conejito. Pero realmente estaba feliz de ver al hombrecito tan contento y deseaba compartir su dicha con él.
Mientras seguía al portero, bajando los dos pisos, hasta su rincón en el cuarto de la caldera, Caro se descubrió, de pronto, pensando en Bruno Gianinni de una forma distinta que antes. Pensó en sus tres hijos y cuatro hijas; recordó que su esposa había fallecido el año pasado. Era padre de siete hijos. Ahora estaba solo. Tenía una poronga. De repente, Caro decidió que la quería. La sorprendió no haber pensado antes que él la podría coger.
Había muy pocos hombres en el colegio que no había considerado, pero estaba segura de que pronto le pondría remedio.
Finalmente, llegaron al pequeño rincón que el portero había arreglado como su "oficina". Innumerables fotos de su familia llenaban la pared sobre la vieja mesa vacía que le servía de escritorio. Al lado, había una pila de bolsas plásticas de residuos, repletas con papeles que encontraba en los pisos del colegio.
Orgulloso, el portero sacó el álbum de fotos y se lo pasó a Caro. Mientras lo hojeaba, murmurando los comentarios recomendables de admiración, notó que se había visto varias veces. Bruno Gianinni no podía más de orgullo y alegría.
-Es muy hermosa, la esposa de su hijo. Él tiene mucha suerte. Y su hijo también es muy buenmozo. Pero usted es el que mejor está, con su traje nuevo, Sr. Gianinni.
-Sí, nuovo. Per la boda. ¿Cómo sabe, signorina Caro?
-Me doy cuenta de que no estaba demasiado cómodo. Le apretaba mucho acá, ¿verdad?
Horrorizado y asombrado, el hombre sintió cómo Caro -aquella dulce niñita- alcanzaba y apretaba su bulto. Trató de alejarse, pero estaba atrapado delante de su escritorio y no podía escapar de esa decidida mano. La jovencita mantuvo la presión, moviendo sus dedos hacia abajo hasta agarrarle las pelotas. El portero a penas podía hablar.
-¡Signorina Caro! ¿Qué face? ¡No! ¡No! No lindo. No, por favor.
-Pero es lindo, Sr. Gianinni. Su pija. Puedo sentir que es muy linda. Hizo a todos sus hijos con ella, y ahora su hijo está usando la suya poniéndola dentro de su esposa para hacer nietos para usted. ¿No le gustaría metérmela a mí también, como lo hacía con su esposa, como su hijo está usándola con su flamante mujer? A mí me hustaría mucho, Sr. Ganinni. No lo haría por mí?
Ahora, Caro estaba apretándole la poronga y frotando sus manos sobre todo su bulto de carne. El pobre viejo estaba muerto de miedo. Caro soltó la pija y, rápidamente, se quitó su remera sobre por la cabeza. No usaba corpiño.
Luego, bajó su minifalda sacándosela por los pies, con pequeños brincos, haciendo que sus tetitas, jóvenes y redondas, se movieran. Sólo qudaba su bombachita bikini. En pocos segundos, también estaban en el piso, sobre su minifalda.
El portero estaba estupefacto. Nunca lo habría crído. Ni siquiera lo creía ahora; no podía estar sucediendo. Debía ser una extraña broma o un sueño.
Una niñita tan preciosa y dulce, desnuda frente a él. Y le había tocado el cazzo, como una putana, una prostituta, pero no lo era. Era la persona más agradable del colegio. Su mente confundida no podía conciliar estas dos ideas opuestas.
-Tenga, Sr. Gianinni, ¿no le gusta sentirlas? Ahora son un poco chiquitas, pero pronto serán más grandes y también podrá sentirlas. ¡Sus manos se sienten tan bien sobre mí!
Caro había tomado sus manos temblorosas, apretándolas contra sus tetitas. No eran para nada pequeñas, y para una jovencita de trece años, eran muy apetecibles y tiernas. Las manos del portero quedaron ahí, inmóviles, prsionando contra sus pezones que se estaban poniendo duros. Caro aprovechó del asombro del viejo para bajar y desabrocharle el cinturón con sus expertos dedos, llenos de práctica. Al hacerlo, empujó sus tetitas más aún contra las palmas de las manos de Gianinni. Le agradó sentir algo de resistencia. Él también empujaba, por lo menos un poco.
En pocos segundos, los pantalones del viejo cayeron al piso. Momentos después, Caro le quitaba los calzoncillos, acariciándole los muslos. La poronga le colgaba, como sin vida, por el "shock"; pero a la jovencita le encantó vérsela. Era enorme. Casi tan gruesa como su brazo, tal vez todavía más, pese a que aún estaba blanda. ¡Era tan extraño verla colgando de un hombre tan pequeño!
-¡Oh, Sr. Gianinni! ¡Es hermosa! Tiene una pija tan linda. Con razón tiene hijos tan bellos. Oh, si lo hubiese sabido, habría hecho esto hace mucho.
¿Por qué no me lo dijo? ¡Oh, si sólo supiera cómo me encantan las porongas como la suya!
Rápido, se arrodilló en el piso frente al hombrecito, tomó la pija en sus manos y le plantó un beso enorme sobre la cabeza.
-¡Oh, no! Oh, signorina Caro. ¡No, per favore! No. No bueno. No correcto. Es pecato.
Nunca le había sucedido algo similar. Era tan poco natural, tan enfermizo, la sola idea de besar un cazzo. Sólo las putanas lo hacían. No podía permitir que esta niñita giciera algo tan horrible, aun cuando sentía una sensación excitante recorriéndole su frágil cuerpo. Pero Caro no le prestaba atención. Envolvió sus labios alrededor de su creciente poronga y bajo los cuidados de su experto sexo oral, su enorme órgano comenzó a crecer aún más grande. De a ratos, la jovencita hacía pausas para susurrar su admiración y para hablarle sobre los hijos que había hecho con tal pedazo de carne. Eso parecía estimularlo porque cada vez que hablaba, sentía que la poronga latía y se movía, y se ponía un poco más dura y un poco más grande cuando se lo ponía de vuelta en la boca.
Caro no podía esperar más. La picazón de su conchita se estaba convirtiendo en un dolor insoportable. Debía tener esta pija maravillosa dentro de ella.
Con las manos al rededor del tronco de la pija ya casi gigantesca del portero, lo atrajo hacia ella, mientras ella se movía hacia atrás, rumbo a las pilas de bolsas de residuos.
-¡Venga! Po favor, Sr. Gianinni. Métame su enorme poronga como se la metía a su esposa, como su hijo está haciendo con su mujer ahora. Deseo tanto que lo haga, Sr. Gianinni. Por favor, deme su pija.
Cayó hacia atrás sobre el colchón de bolsas de residuos, trayendo el frágil cuerpo del portero consigo. Aún tenía los pantalones al rededor de los tobillos y, tropezando, cayó sobre ella. Caro gimió al sentir el gigantesco palo sobre su vientre, mientras que el rostro aterrizó en la tierna carne de sus tetitas. Rápidamente, bajó una mano y colocó la herramienta en posición, donde le daría mayor placer, mientras el otro brazo, rodeándole el cuello, apretaba la cara de Bruno contra los senos adolescentes. Cuando la cabeza de la pija estuvo a la entrada de su conchita hambrienta, entró sin ninguna dificultad, lentamente y con toda naturalidad, sin ningún esfuerzo de parte de él. En un momento, Caro la sintió enterrada muy profunda dentro de ella y suspiró de gloriosa alegría. No había sentido una poronga en su conejito, desde que su profesor de Química la había cogido en el cuarto adjunto al laboratorio, a la hora del almuerzo. Levantó las piernas e introdujo la pija del portero aún más adentro de su conchita, apretándole el nabo con sus suaves músculos vaginales. Luego, le susurró al oído:
-Ámeme, Sr. Gianinni. Ámeme con su pija. ¡Cójame con su enorme herrramienta!
Algo sucedió en la mente del hombrecito, el recuerdo de un pasado muy lejano. De pronto, volvió a sentirse el jovn paisano que se ganaba a las chicas más bonitas del pueblo y las hacía morir de placer. Con un gemido lujurioso, comenzó un gran mete y saca, con el cual la introducía en el feliz conejito de Caro, hundiendo su instrumento hasta las pelotas cada vez.
Su energía y fuerza asombrron a la jovencita, quien explotó en orgasmos a repetición mientras él le metía la poronga. Él balbuceaba en italiano, en tanto su gigantesca herramienta le hablaba a la conchita feliz en el idioma internacional de la cogida.
Finalmente, con un grito ahogado, él se la metió muy profundo, y comenzó a lanzar grandes chorros de leche en su vientre, a tanta profundidad que Caro creyó que se mezclaría con los jugos del Sr. Rodríguez, aún flotando tibios en la boca de su estómago. Luego, el viejo cayó exhausto sobre ella, jadeando sobre sus tetitas sudorosas. Caro lo sostuvo suavemente, hasta que la respiración le volvió a la normalidad, murmurándole su agradecimiento al oído.
-¡Qué hombre maravilloso! ¡Fue tan agradable! Su pija me llenó tan bien. Ahora que sé lo bueno que es sólo quiero hacerlo con usted una y otra vez.
Espero que me lo permita, Sr. Gianinni.
El portero, estupefacto, no pudo decir nada. Suavemente, Caro se lo sacó de encima y, como siempre hacía, se agachó para lamer su pija, cada vez más pequeña, limpiando la leche desparramada y, ansiosamente, chupando hasta la última gota ue todavía salía de la punta.
-Signorina Caro, yo…
-No, no diga nada, Sr. Gianinni. Fue maravilloso. Me hizo un favor muy grande. Espero que usted también lo haya disfrutado.
Desnuda, libre y hermosa, se puso de pie en la semioscuridad del cuarto de la caldera. El viejo, pasmado de admiración, la observó mientras se vestía.
Al comenzar a subirse la bombachita, cambió de opinión. Sólo sería otra molestia, se dijo a sí misma. Ya durante un tiempo bastante largo, su madre había estado sorprendida por lo rápido que parecían desaparecer las bombachitas de Caro de su cajón. Siempre que podía, a Caro le gustaba no ponérselas, y no siempre recordaba meterlas en su cartera o bolsillo cuando se las quitaba. Y, a menudo, le gustaba dejarlas como recuerdos Esto fue lo que hizo en esta ocasión dejándola sobre la hermosa poronga del Sr. Gianinni, antes de despedirse de él con un beso y salir con paso veloz.
Regresaría pronto a visitar a su querido viejecito con la herramienta grande; pero ahora, buscaría otras aventuras, antes de tener que regresar a casa para la cena.



Monday, April 17, 2006

MI PADRASTRO



Todo comenzó un día que mamá no estaba.
El llegó de visita y la encontró jugando el Internet. Veía una página pornográfica.
La sentó en sus piernas y le explicó que eso no era bueno para una niña de su edad, pero al levantarse ella rozó por casualidad una de sus manos con el pene.
El se estremeció sin quererlo.
Esa noche tuvo que masturbarse, no sabía que insano pensamiento le roía el alma, y sin querer eyaculó al acordarse de el roce.
Lo que siguió fue un día, que la sentó en sus piernas de nuevo, en busca de esa sensación, ella se sentó con las piernas abiertas....
-eso no es bueno. Le dijo- a papi no le gusta.
-tu no eres mi papi.
-me gusta que me digas así.
Y poniendo una rodilla sobre el deliberadamente, le dijo: -si papi.

Se la llevó a la cama nada mas pudo, le quitó el uniforme con las manos temblorosas, lego ella le bajó los pantalones.
Se tumbó sobre la cama y le dijo: Sácale le leche a papi, chúpamelo bebe.
Ella se arrodilló y se le empinó como quien chupa una paleta. Nada mas verla se vino.
Hasta entonces no quería penetrarla, estaba muy pequeña, apenas ocho años.
El año transcurrió con sendas masturbadas y felaciones.
Cuando cumplió los nueve. El le regaló una hermosa muñeca, luego la sacó a pasear.
Ya en el motel, desnuda, recorrió su lengua por primera vez todos sus rincones, chupó los pezones rosados, los muslos blancos, y en un inesperado gesto, ella se abrió, como se despliega una rosa. Y su lengua pudo saborear lo que por muchos años fue un sueño prohibido.
Luego tuvo que hacer ese viaje de un año. Se cogió a muchas mujeres, pero no sentía nada por ninguna, las tetas grandes lo asqueaban, las pequeñas ya no eran turgentes, las vaginas ya no eran sonrosadas y tersas.
Tan pronto regresó la buscó. Su madre no quería regresar con el pero la convenció, Luego vino aquel día.
Tenía la verga tan dura desde la mañana, lo planeó todo, pasó por ella para ir a dejarla al escuela, luego ella fingió estar enferma y la regresaron, pero se quedó en la calle esperando a su papi.
Hoy te voy a coger. ¿Quieres que papi te coja?
Si...murmuró ...
-Pídeselo a papi...
_Cógeme papi.
El le había explicado que era coger, que era gozar mas que cuando le sacaba leche, mas que cuando la masturbaba, y ella ya no podía vivir sin aquel goce.
Volvió a sentir los labios de niña ciñendo su falo, volvió a tocar el pubis rosado e incluso a lamerlo y se sintió en el séptimo cielo. Pero cuando se acostó boca arriba y la resbaló toda en ella, el placer fue tal que ninguno de los dos tuvo que moverse, sus cuerpos por si mismos se contraían en un dulce vaivén.
-Coge. cógeme papiii- suspiraba.
Sacó la verga de entre sus nalgas, estaba exhausto.

Cuando se fue a vivir con ellas, se la cogía nada mas se durmiera mamá.
De puntillas entraba al cuarto donde ella lo esperaba desnuda, lúbrica y gentil.
Otras veces la vestía con adorables vestiditos solo para tener el placer de cogérsela bajo la falda, al tiempo que ella chupaba una paleta.
Parecía que su felicidad no tendría fin, pero sucedió.
Tenía tiempo pensando en ello, y cada vez mas le daba vueltas la cabeza la idea, ese día, un amigo los acompañó hasta el motel.
Quiero que le digas papi a mi amigo, el te quiere conocer y quizá hasta te coja, ¿ tu quieres?
Ella lo miró recelosa, pero no había forma de echarse para atrás, el dinero que le habían pagado por ella lo había gastado ya.
La cámara rodaba, ahora eran tres hombres, La marihuana corría. Ella reía como la primera vez.
Una mujer le ofreció los senos, a los doce años no había probado nunca un seno, se aferró a ella. La mujer le metía la mano en su abertura, papi estaba ahí, pero papi ya no sonreía, ahora se cogía a una niña mas pequeña que la mujer llevó. La niña lloraba y el decía suavemente, vamos reina, dale a papi lo que quiere...
Ahora eran dos niñas que la misma mujer había traído, la mujer filmaba y papi cogía a las dos niñas, ella apenas podía respirar bajo el corpulento cuerpo de un hombre que le metía despiadadamente un pene enorme, respiraba como cerdo y olía como tal, lo abrazó con las piernas y se dejó hacer, ahora un hombre delgado le metía el pene en la boca y el otro en el ano,,,se estaba cansando de esos juegos.
Cuando cumplió los quince, papi y mami se divorciaron, el se casó con una mujer que tenía dos hijas de siete años, gemelas.
Conocía como ganar dinero, satisfacía a domicilio a viejas damas ricas y curas recatados, se le sentó encima a muchos políticos y muchas esposas ociosas encontraron en su clítoris la voluptuosidad que le faltaba a sus vidas.
Pero no encontraba nada que le satisfaciera.
Un día le ofrecieron filmar con un perro. Ella aceptó.
Llegó temblando ansiosa a la dirección en el papel, y una figura conocida le abrió la puerta: ¡papi! Dijo, y entró.
Papi ahora se dedicaba a vender películas. Tenia una veintena de niñas trabajando en esa casa, niñas que después mandaba fuera del país.
Papi la cogió por el puro gusto de volverla a ver, le explico entre mamada y mamada, que pretendía filmarla cogiendo a un perro.